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"El gran avance es dirigirnos a los subtipos de cáncer" 

 

 

 

El doctor Josep Tabernero se ha mostrado optimista por los importantes avances que se están consiguiendo en los tratamientos personalizados presentados recientemente en el congreso de oncología más importante a nivel mundial, celebrado en Chicago. Así lo ha explicado durante una entrevista en el programa 'Els Matins' de TV3, realizada el miércoles 4 de junio de 2014.

 

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LINFOMAS 


DETECCIÓN PRECOZ


Los linfomas son cánceres derivados de los linfocitos, que son células del sistema inmunitario, y pueden afectar a pacientes de cualquier edad. El aumento de tamaño de un ganglio linfático, que puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo, es el principal síntoma que permite detectar precozmente los linfomas. Si el aumento de tamaño del ganglio persiste durante más de tres semanas y no tiene ninguna causa obvia, es precisa una consulta urgente a un hematólogo para comprobar si se debe a un linfoma.

 

DIAGNÓSTICO RÁPIDO
 

El diagnóstico se inicia con una exploración física de las zonas ganglionares para comprobar si hay uno o más ganglios con un aumento manifiesto de tamaño. Un análisis de sangre indica si hay algún tipo de célula sanguínea con los niveles alterados. Si la exploración física y el análisis de sangre confirman la sospecha de linfoma, es preciso realizar una biopsia ganglionar que permite establecer el diagnóstico definitivo.


Dado que existen 40 tipos distintos de linfoma, y el pronóstico de los pacientes y el tratamiento adecuado difiere según el tipo de linfoma, es vital establecer el diagnóstico del tipo de linfoma de manera precisa. Se trata de un diagnóstico complejo en el que entran en juego la morfología de las células, así como sus características moleculares. Un equipo de anatomía patológica de primer nivel garantiza que el diagnóstico se establezca con la máxima precisión.


El diagnóstico se completa con una prueba de imagen de cuerpo entero y una biopsia de médula ósea para evaluar el nivel de extensión de la enfermedad. La prueba de imagen permite ver sobre todo si están afectados los ganglios del tórax y el abdomen, que no se pueden evaluar por palpación. La biopsia de médula ósea se lleva a cabo en la cadera con sedación.


El circuito de diagnóstico rápido del IOB permite reducir a un plazo inferior a dos semanas el tiempo medio entre la primera consulta de una paciente por una sospecha de linfoma y el inicio del tratamiento.

 

TRATAMIENTO PERSONALIZADO
 

A partir del tipo de linfoma diagnosticado y del nivel de extensión de la enfermedad, se decide el tratamiento más adecuado para cada paciente.


Este tratamiento suele basarse en la quimioterapia y en una minoría de casos se acompaña de radioterapia. El tipo y la intensidad de la quimioterapia son muy variables dependiendo del tipo de linfoma y la extensión de la enfermedad, y pueden ir desde tratamientos muy suaves a otros muy intensivos. Dado que el linfoma suele ser un tipo de cáncer diseminado en el organismo, la cirugía no sería eficaz.
 

En los casos en que la quimioterapia no es suficiente para contener el linfoma y el riesgo que corre el paciente lo justifica, se realiza un autotrasplante de médula ósea con el objetivo de curar la enfermedad. Este tipo de trasplantes sólo está autorizado en unos pocos centros sanitarios públicos acreditados, por lo que el IOB deriva a los pacientes que lo necesiten al centro adecuado para que puedan recibir el tratamiento.


Una vez terminado el tratamiento, el seguimiento consiste en exploraciones físicas, análisis de sangre y pruebas de imagen cada tres meses a lo largo del primer año para verificar que el linfoma no reaparezca y, si lo hace, detectarlo precozmente. En los años siguientes, se reduce la frecuencia de las pruebas de seguimiento hasta llegar a una revisión anual a partir del quinto año. Dado que excepcionalmente algunos casos de linfoma reaparecen a muy largo plazo, estas revisiones deben mantenerse durante toda la vida.
 

Última actualización el Lunes, 08 de Septiembre de 2014 08:49
 

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